I Remember… El Camino

El Camino - Day 2, to Ostabat, France(scroll down for the english version – voyez plus bas pour la version française)

Luego de aquel primer día con la moral por el piso, hubo solamente 2 otros días en que no me sentí bien.  Recuerdo que el Día 19, todo me enojó, por una razón desconocida; desgraciadamente, de nuevo, no supe sacarme de la mala vibra que me llenaba la mente y tuve que parar.  Encontre un albergue a la salida de un pueblo que no tenía nada interesante a visitar ni nada atractivo salvo el patio del albergue, con flores y espacio para practicar yoga y leer disfrutando del sol.  La última vez que me sentí completamente sin fuerza en El Camino, fue en el Día 35, luego de 34 kms de caminata; un agobio físico total esa vez, pero con el orgullo de haber pasado un buen día.

Lo que es interesante después de cada experiencia de vida que tenemos, es que, sea cual fuese lo largo de la aventura o de la experiencia, siempre valoramos más los buenos momentos.  Por supuesto, los malos momentos también dejan sus huellas en nuestra mente pero siempre recordamos más los buenos porque nos devuelven mucha alegría.  Hace poco leí que era la misma razón por la cual debemos irnos de viaje: la endorfina producida al momento de vivir el viaje/la aventura/la experiencia se reproduce muy fácilmente por nuestro cerebro cuando recordamos aquel momento; también reproduce el mismo sentimiento de felicidad que sentimos durante el viaje/la aventura/la experiencia…

Es exactamente lo que me pasa desde que volví del Camino.

Me recuerdo de cada día como un momento especial, de cada persona que encontré (y con quien sigo en contacto hoy) como alguien que va a darle un toque especial a mi vida.  Me encuentro feliz con cada recuerdo.

Recuerdo en particular el Día 14; todavía estaba caminando con Sophie en aquel momento y decidimos de parar luego de unos 7 kms solamente ese día, para salir de la muchedumbre.  Buscando un lugar en donde alojarnos esa noche, entramos en el Albergue Parroquial, acogidas por 3 muchachas, haciendo voluntariado ahí por 2 semanas.  Colchones en el suelo para todos, techos de madera, paredes de rocas, banderas de oraciones tibetanas en las escaleras, Ariana tocando lindas canciones en la guitarra, cena comunitaria, oración (para quien quiere participar; no quise yo), y unos instantes de reflexión/meditación todos juntos sobre lo que nos procure El Camino, estar juntos en un lugar tan acogedor y confortable cuando ruge la tormenta afuera y que amenaza la lluvia.

Sophie me dijo haber encontrado ahí al Espiritu del Camino.  Todavía tenía dudas pero sí, sentí algo especial: un momento de paz, de unión, algo compartido.  Después de la meditación durante la cual cada uno compartó el por qué y cómo había venido al Camino, sentí la gran necesidad de llorar, lo solté, me dieron un fuerte abrazo y me sentí mejor.  También me dí cuenta de que tal vez no sentía todo como los demás porque ya había vivido lo que ellos estaban viviendo en el Camino: vivir un día trás otro, viajar con menos carga, aprender a hacer más con menos, ser feliz con lo que uno tiene aquí y ahora, disfrutar del momento, encontrar a gente maravillosa cada día…  Me dí cuenta de que ya estoy viviendo la vida que me conviene; quite todo hace casi 7 años, me fui de viaje, descubrí entonces lo que quería ser/hacer y así vivo desde ese entonces…  A caso, ¿necesitaba más pruebas?

La única molestia de esa hermosa noche fue cuando encontramos chinches en las camas y en nuestras cosas… (necesité más de una semana para deshacerme de ellos por completo).  Aprendí a ser tenaz.

Luego, viví El Camino como se sigue la corriente de un río.  Me dejé llevar, un paso trás otro.  Fue como si nada pudiera pararme.  Camine, encontre a gente, unos se fueron, otros se quedaron.  Me maravillé, lo absorbé todo.

Sophie volvió a su casa después de 2 semanas, en mi Día 17, pero también dejó su huella.  Tuvo una perspectiva más espiritual, supo meterle palabras a lo que sentía mientras caminaba y me enseño mucho (todavía lo hace, casi 3 meses después).  Me mostró cómo El Camino nos enseña paciencia para llegar a nuestro destino (Día 10), la resistencia y tenacidad, como lo mencione aquí, que uno necesita para resolver los pequeños problemas (Día 15).  Debe ser una de las personas que tenía que encontrar en el Camino.

Un día (Día 21), camine todo el tiempo con Annie, charlando cuando quisieramos, en silencio el resto del tiempo.  También ese día, encontre a Tatiana, con quien iba a recorrer todo el resto del Camino y con quien me reí tanto.  Me recuerdo de Marie, Bert y Michael desde nuestra cena en Saint-Jean-Pied-de-Port y por nuestros encuentros regulares; recuerdo la tristeza de no haberme despedido de Susan pero lo compensamos platicando en el Facebook; me recuerdo de Richard, a quien escribí todos los días del Camino para contarselo y que hizo lo mismo cuando volvió a caminar; Me recuerdo de Marlón, Pilar y Jesús que son ahora mi familia del Camino.  Hice nuevas amistades.

Alguien dijó, « la vida es como una caja de chocolates, uno nunca sabe lo que le va a tocar… »  En ambos casos, en la vida como con una caja de chocolates, me siento feliz de lo que me toca. 😉

Algo que dejé de hacer: escribir diariamente.  Hoy, solamente ando con mis recuerdos y pocas notas.  ¿Por pereza o a propósito?  No lo sé.  Un día, dejé de sentir la necesidad de escribir.  Quería sentir, vivir, estar en el momento, siempre.  Esos minutos en cuales escribía en el blog el artículo del día fueron suficiente para mi.  De hecho, hoy, me siento feliz de deber parar para pensar en todo eso de nuevo.

¿Qué es que les hace felices después de una aventura?  Cómo se recuerdan de sus mejores momentos?

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After that first day feeling super low, there were only 2 other days when I felt terrible.  On Day 19, I remember being angry at everything around me, for no reason whatsoever; the thing is, once more, I couldn’t get out of that awful mood and had to stop.  I found an albergue at the end of a very small village with no true attraction and nothing to visit, only that the albergue had a garden with flowers where I could practice some yoga and baske in the sun, reading.  The last time I felt bad on the Camino was on Day 35, after 34 kms of walking; pure body exhaustion that time, but proud of having made the day.

What’s interesting in pretty much every experience we’ll ever live, is that, no matter how long the experience or adventure lasts, we only remember the good times.  Of course, the bad ones leave another trace in our memories but the good ones are the ones we rely on and come back to every time we want to think about that moment.  I recently read that it was the very reason why everyone should travel: because the endorphin created during the trip/adventure/experience is one easily reproduced by our brain when thinking about it afterwards and it also brings back the same feeling of happiness that we felt during the trip/adventure/experience.

That’s exactly what’s been happening to me since I came back from walking El Camino.

I remember every day as a special moment, every person I met (and with whom I’m still in contact today) as someone that will bring someting special in my life.  And I am happy at every memory.

I remember Day 14 in particular; I was still walking with Sophie at the time and we had decided to stop after only 7 kms that day, in order to be out of the crowds again.  Looking for a place to sleep that night, we ended up at the Paroquial Albergue, hosted by 3 young women, volunteering there for 2 weeks.  Matresses on the floor for everyone, under a wooden roof, stone walls, Tibetan prayer flags on the stairwell, Ariana playing soft songs on her guitar, community diner, prayer (if one wanted to join, which I didn’t) and a moment of thinking/medidating together about El Camino, being inside such a cozy place when the wind was blowing cold and the rain threatened to fall soon.

Sophie talked about having found there the Spirit of El Camino.  I was still skeptical because of it not being all that clear to me, but felt something nonetheless: a moment of peace, union and sharing.  After the medidating, where everyone shared a bit of why and how they had come on El Camino, I felt a terrible urge to cry, let it happen, got a hug and felt better.  I also realized then that maybe I didn’t feel the same way everybody else did because I had already undergone those changes before: living a day at a time, travelling with fewer belongings, learning to do more with less, being happy at what one has here and there, enjoying the moment, meeting new incredible people every day…  I realized that maybe I’m already living the life that suits me; I quit everything almost 7 years ago, went travelling, found out what I really wanted to do/be back then and have been living accordingly since then…  Did I need more proof?

The only thing that tinted this lovely evening was when we discovered bed bugs that night…  (which took a little over a week to get completely rid of).  So, I learned resilience.

Afterwards, El Camino went by and felt like a river.  I flowed along it, letting it take me along, step after step.  There was nothing to stop me, it seemed.  I walked, met other people, some left, others stayed.  I marvelled, took it all in.

Sophie left to go back home after a 2-week journey, on my Day 17, but she left her print in me too.  She had a much more spiritual approach, put words on everything she felt while walking and taught me a few things along the way (she still does so today, almost 3 months later).  She’s shown me how El Camino teaches us patience in order to reach our goal (Day 10), resilience as I just mentionned when having to deal with inconveniences (Day 15).  I guess she was one of the persons I absolutely had to cross paths with.

One day (Day 21), I walked with Annie the whole time, talking when we felt like it, in silence otherwise.  It’s also the day I met Tatiana, with whom I was to walk the rest of El Camino, and remember how much we’ve laughed together since we met. I remember Marie, Bert and Michael from our diner in Saint-Jean-Pied-de-Port and the way we kept meeting up here and there; I remember not saying goodbye to Susan but catching up with her on Facebook; I remember Richard, whom I wrote to every day of El Camino and who did the same when he went on with his; I remember Marlón, Pilar and Jesús who are today my new Camino family.  I got new friendships.

« Life is like a box of chocolate, you never know what you gonna get, » someone said…  In both cases, in life as with a box of chocolate, I usually truly enjoy what I get. 😉

One thing I stopped doing: daily writing.  I now rely exclusively on my memory and a few notes to remember it all.  Did I do it on purpose or by pure laziness?  I don’t know.  At some point, I just stopped feeling the need to write.  I wanted to feel, live and be there at all times.  The moment I wrote for my daily post on the blog was enough for me.  Today, it allows me to feel particularly happy to have to stop and remember those feelings.

What makes you feel happy after an adventure?  How do you remember your favorite moments?

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[Français]

Après ce premier jour le moral à zéro, je ne me suis sentie aussi mal que 2 autres jours.  Jour 19, je me souviens avoir été en colère contre tout, sans aucune raison particulière; encore une fois, malheureusement, je ne suis pas parvenue à me sortir de cet engrenage de pensées négatives et il a fallu que je m’arrête.  J’ai trouvé une auberge à la sortie d’un village où il n’y avait pas grand chose à faire côté visites, mais l’auberge avait un jardin fleuri où j’ai pu faire un peu de yoga et me reposer au soleil, en lisant.  La dernière fois où je me suis sentie complètement H.S. sur le Chemin fut au Jour 35, après 34 kms de marche; une fatigue purement physique cette fois, mais j’étais fière d’avoir réussi ma journée.

Ce qui est intéressant après chacune des expériences que l’on vit, c’est que, quelque soit la longueur de l’aventure ou de l’expérience, on ne se souvient que des bons moments.  Bien sûr, les mauvais moments laissent aussi leur trace dans notre psyché mais ce sont vers les bons moments qu’on retourne avec plaisir quand on y repense.  J’ai lu récemment que c’était une des raisons pour lesquelles il fallait aussi voyager: l’endorphine produite pendant le voyage/l’aventure/l’expérience est facilement reproduite plus tard par notre cerveau lorsqu’on repense à ce moment; elle reproduit également le même sentiment de bonheur ressenti pendant le voyage/l’aventure/l’expérience.

C’est exactement ce qui m’arrive depuis que je suis revenue du Chemin.

Je me souviens de chaque jour comme un moment spécial, de chaque personne rencontrée (et avec qui j’ai encore des contacts aujourd’hui) comme quelqu’un qui apportera sa petite touche spéciale dans ma vie.  Et je suis heureuse à chaque souvenir.

Je me souviens du Jour 14 en particulier; je marchais encore avec Sophie à ce moment-là et on avait décidé de s’arrêter après seulement 7 kms pour pouvoir échapper à la foule.  En cherchant un endroit où dormir ce soir-là, on s’est retrouvée à l’Auberge Paroissiale, accueillie par 3 jeunes femmes, bénévoles pour 2 semaines.  Matelas par terre pour tout le monde, toit en bois, murs en pierres, drapeaux de prière tibétains sur la rampe d’escalier, Ariana qui joue des chansons douces à la guitare, un dîner communautaire, une prière (à laquelle chacun est libre de participer ou non) et un moment de pensées/méditation à propos du chemin, être ensemble dans un lieu si confortable quand souffle le vent et menace la tempête dehors.

Sophie me dit avoir trouvé là l’Esprit du Chemin.  J’avais encore mes doutes à ce sujet, car ce n’était pas encore très clair dans ma tête, mais j’ai tout de même senti quelque chose: un moment de paix, de partage et d’union.  Après la méditation, où chacun a un peu partagé du pourquoi et comment il est arrivé sur le Chemin, j’ai ressenti un grand besoin de pleurer, l’ai fait, ai eu un câlin et me suis sentie mieux.  J’ai également réalisé que peut-être je ne ressentais pas la même chose que les autres simplement parce que j’étais déjà passée par là: vivre un jour après l’autre, voyager avec moins d’affaires, apprendre à faire davantage avec moins, être heureux avec ce que l’on a à ce moment-là, profiter du moment, rencontrer des gens merveilleux tous les jours…  J’ai réalisé que je vivais peut-être déjà la vie qui me convient; j’ai tout quitté il y a presque 7 ans, je suis partie voyager, ai découvert ce que je voulais faire/être à ce moment-là et vis en conséquence depuis…  Avais-je vraiment besoin de plus de preuves?

Le seul désagrément de cette belle soirée a été de trouver des punaises de lits dans nos affaires cette nuit-là… (dont je mettrai plus d’une semaine à me débarrasser).  J’ai appris la résistance.

Après ça, j’ai vécu le Chemin comme on flotte le long du courant d’une rivière.  Je me suis laissée emporter, un pas après l’autre.  On aurait dit que rien ne pouvait m’arrêter.  J’ai marché, j’ai fait des rencontres, certains sont restés, d’autres sont partis.  Je me suis émerveillée, j’ai tout accepté.

Sophie est rentrée chez elle après 2 semaines de marche, mon Jour 17, mais elle a laissé son empreinte aussi.  Elle a eu une approche bien plus spirituelle, a su mettre des mots sur tout ce qu’elle a ressenti en marchant et m’a beaucoup appris en route (elle continue d’ailleurs, près de 3 mois plus tard).  Elle m’a montré comment le Chemin nous enseigne la patience pour arriver à nos fins (Jour 10), la résistance et la tenacité, comme je viens de le dire, quand on doit vivre avec de petits inconvénients (Jour 15).  Elle doit certainement être une de ces personnes que je devais absolument rencontrer.

Un jour (Jour 21), j’ai marché avec Annie toute la journée, en discutant quand on en avait envie, en silence sinon.  Le même jour, j’ai renconté Tatiana, avec qui j’allais parcourir le reste du Chemin, et avec qui j’ai tant ri depuis.  Je me souviens de Marie, Bert et Michael, depuis notre dîner à Saint-Jean-Pied-de-Port et nos rencontres régulières ensuite; je me souviens ne pas avoir pu dire au revoir à Susan, mais on se rattrape sur Facebook; je me souviens de Richard, à qui j’ai écris tous les jours de mon Chemin et qui a fait pareil quand il a repris le sien; je me souviens de Marlón, Pilar et Jesús, qui sont aujourd’hui ma famille du Chemin.  Je me suis fait de nouveaux amis.

Quelqu’un a dit, « La vie, c’est comme une boîte de chocolats, on ne sait jamais sur quoi on va tomber… »  Dans les deux cas, dans la vie comme avec une boîte de chocolats, je suis plutôt heureuse de ce sur quoi je tombe. 😉

Une chose que j’ai arrêté de faire: écrire tous les jours.  Je me repose aujourd’hui uniquement sur mes souvenirs et quelques notes.  Paresse ou fait exprès?  Je ne sais pas.  Un jour, je n’ai simplement plus ressenti le besoin d’écrire.  Je voulais sentir, vivre et être là, à tout moment.  Cet instant où j’écrivais un court article sur le blog me suffisait.  Aujourd’hui, je suis d’ailleurs bien contente de devoir m’arrêter pour repenser à tout ça.

Qu’est-ce qui vous rend heureux après une belle aventure?  Comment vous souvenez-vous de vos meilleurs moments?

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10 commentaires sur “I Remember… El Camino

  1. Le Tao dit (+/-) il ne faut pas se fixer d’objectifs. Les objectifs sont finis, limités. Si tu n’atteins pas ton objectif, c’est la frustration. Si tu l’atteins, après quoi? Seul le chemin est infini. Choisis ton chemin. 😉

    1. J’adore et j’approuve complètement!
      De cette façon, même si j’ai terminé physiquement le Chemin (pour l’instant… jusqu’à la prochaine fois!), je le poursuis spirituellement et y repense sans cesse dans ma vie de tous les jours. Ca fait du bien.

  2. Cela me fait du bien de lire tous tes ressentis de cette aventure du Chemin ! Et j’ecris ce mot « Chemin » avec une majuscule car il apporte beaucoup à ceux qui le parcourent et provoque également un profond respect pour ceux qui écoutent vos récits. Il fait désormais partie de TA vie ❤️

    1. On l’écrit tous avec une majuscule pour le différencier de n’importe quel autre. Il est véritablement particulier celui-ci. Et j’espère pouvoir en faire une autre partie avant 2021 (prochaine année jubilé où il y aura plein de pèlerins! C’en était une cette année, aux dernières nouvelles il y a eu + de pèlerins en 2016 que les autres années jubilé: près de 400.000 déjà le mois dernier!)

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